Anecdotario / Curiosidades
En la biografía de Andrés de Vandelvira llama la atención la cantidad de lugares en que trabajó y la distancia entre ellos. El maestro se movió en un amplio radio que iba desde Cuenca al norte, Sevilla al oeste, Málaga al sur y Guadix y quizá algún punto más al noreste, todo ello teniendo en cuenta que su centro lo tuvo en el eje Jaén-Úbeda, sorprende los muchos kilómetros recorridos en un tiempo relativamente corto teniendo en cuenta el medio de transporte, a lomos de caballería.
Este hecho está vinculado a su enorme capacidad de trabajo, lo que tenía en un alto concepto. En su testamento recalca con orgullo y sentido de justicia la separación entre los bienes aportados por su mujer al matrimonio y los que él aportaba, cien mil maravedíes que yo había ganado, y luego precisa que las fincas y los frutos que guardaba en las cámaras de su casa en Vicarrillo eran ganado y adquirido por mi industria y trabaxo después del fallecimiento de la dicha Luisa de Luna, mi muger, y asi son bienes mios y por cierto y adquirido con el trabaxo de mi persona.
De su sentido de la justicia da cuenta también la cláusula en su testamento del reparto de los bienes entre sus hijos: Que todos mis hijos sean igualados, de manera que mis bienes lleve tanto el uno como el otro conforme a las declaraciones…porque mi intención y voluntad hes de no agraviar a los unos más que a los otros y que si no pudieren ser iguales con lo que tienen recebido los que estén casados que vuelvan a los otros lo que demás olieren, de manera que todos queden iguales y ruego y encargo a todos mis hijos que tengan entre sí amor como el deudo les obliga.
Igualmente entre sus compañeros de oficio gozaba de fama de hombre justo, como pone de relieve el cantero Diego Gómez cuando no satisfecho con la cantidad en que se tasaba una fuente que hizo en Villacarrillo, pone por tasador de su parte a Andrés de Vandelvira, lo que motiva la siguiente pregunta por parte de la justicia a otros testigos: ..E si saben que el dicho Andrés de Baldelvira es uno de los más ábiles maestros del dicho oficio de cantería destos reynos e de muy buena conçiencia e por cuya mano pasa la mayor parte de las tasaciones de todas estas comarcas.
Otro episodio de su juventud, trabajando en el convento de Uclés, revela mejor, no ya su sentido de la justicia sino la valentía en la defensa de sus principios. Ocurrió que se presentó un día el juez Tomás de Ribera llegó al convento en busca de unos malhechores que decía se habían refugiado allí, ante la oposición del portero a que pasara por tratarse de una jurisdicción sacra, el juez siguió adelante y en la segunda puerta se enfrentó al religioso encargado de las obras, amenazándolo con apresarlo si se resistía, entonces hace su aparición el joven Vandelvira, que en calma y con respeto le advierte que el portero tenía orden de no dejar pasar ni al mismo emperador. La respuesta del juez fue instar al fraile que le diera 200 bastonazos en castigo al atrevido cantero, que al final se vio humillado haciéndole montar sobre un burro y pasearlo por la villa al modo de los procesados por la Inquisición.
De los siete hijos que tuvo, seis varones y una mujer, el más fiel seguidor de la profesión fue su primogénito, Alonso. También lo fueron en principio el tercero y el sexto, Francisco y Cristóbal, pero el primero murió pronto y el segundo entró en religión. El cuarto, Pedro, presbítero, y beneficiado de la Colegiata de Castellar, fue el primer capellán de la capellanía fundada por el padre. Juan, el quinto estudió en Baeza y del menor, Bernardino, sólo sabemos que era el patrono de la capellanía en 1620. La hija, se llamaba Catalina de Luna.